(2009)
Había una crisis económica. Uno tenía que trabajar una semana para comprarse un disco compacto. Me dio por merodear en los saldos de las dos o tres tiendas de discos del centro. Mi formación musical dependía de lo que encontraba en estas circunstancias.
La otra opción era la tienda del centro cuyo local estaba embadurnado de negro por dentro y por fuera. Se llamaba Metal Shop. Alguien había pintado un enorme signo de radioactivo en la fachada. Vendían camisetas de banda metaleras, había dos mostradores llenos de memorabilia: parches, adhesivos, pins; y tenían un libro gordo con la lista de discos compactos de la tienda; ahí llevabas tu casete y pagabas para que te grabaran el disco que escogías. Entre mejor era el casete, mejor era la grabación. Podías comprar casetes de cromo, según la propaganda su calidad de sonido era tan buena como la de un disco compacto.
Nunca me gustó el metal, pero mi relación con los metaleros siempre fue de respeto. Eran tipos delgados, de cabello largo, altos, de una edad indefinida entre los 20 y 35 años. El metal era una cofradía en la que era necesario siempre escepticismo y entusiasmo. Escepticismo hacia todos los que no pertenecían a la cofradía, y entusiasmo para mantener ese escepticismo. Había una chica metalera detrás del mostrador, con piercings y sombras en los ojos, y una actitud que entonces me parecía agresiva.
—¿Qué vas a querer, niño?
—¿Puedo ver el catálogo?
—Nunca ordenas nada.
Con diez o veinte pesos en la bolsa, me gustaba tantear las posibilidades. Sin embargo, yo estaba un poco enamorado de ella.
—¿Tiene playeras de Canibal Corpse? —preguntó detrás de mí un muchacho como yo, vestido con camisa a cuadros y el cabello corto. Alguien que posiblemente esa mañana había decido hacerse death metalero, para lo cual era imprescindible una camiseta de Cannibal Corpse.
—Tenemos la de Eaten back to life y la de Butchered at Birth —dijo ella.
—¿Cuál me recomiendas? —preguntó el muchacho.
—Eaten back to life —dijo ella—, con Butchered at Birth se vendieron.
Yo seguía buscando en el libro sagrado del Metal Shop algo que pudiera reconocer entre tantos títulos apócrifos y la gran variedad de bandas con nombres que involucraban violencia, cadáveres supurantes y sexo anal... posiblemente con cadáveres supurantes.
La chica era pequeña y un poco rellenita, llevaba una camiseta que decía Carcass: Necroticism, descanting the Insalubrious.... el cabello quebrado e imposible de peinar caía sobre sus hombros.
Estaba doblando la camiseta sobre el mostrador, ante los ojos codiciosos del muchacho.
—¿Quieres una bolsa? —preguntó la muchacha.
—No, me la voy a llevar puesta —dijo el muchacho.
La muchacha le alargó la playera y él se la puso. El cuello de la camisa a cuadros sobresalía arriba de la leyenda Eaten back to life. Misión cumplida, debió pensar la muchacha, un acólito más ganado para el death metal. La muchacha sonrió dejando ver una hermosa y luminosa dentadura. La sonrisa se extinguió al mismo tiempo que volteaba hacia mí.
—¿Qué vas a querer? —me preguntó.
Pero esa vez yo tenía un bulto en mi pantalón: una casete virgen de mala calidad, fabricación nacional, comprado en el supermercado. Existía la posibilidad de comprar en Metal Shop casetes importados muy costosos.
Saqué el casete y lo coloqué sobre el mostrador; la muchacha lo miró con despreció.
—¿Qué disco quieres que te graben? —preguntó, sacando una libreta para apuntarlo.
—Este —dije, poniendo mi dedo sobre el catálogo, la hoja salida de una impresora a puntos.
—¿Simon and Garfunkel? —dijo la muchacha—, niño, necesitas que alguien te oriente.
Sí, necesitaba orientación en muchas cosas, es la edad en la que uno necesita un guía espiritual, y más si es una muchacha de largos cabellos quebrados en donde pueden anidar las golondrinas. La verdadera pregunta, hoy, casi dos décadas después, es: ¿qué hacía Simon and Garfunkel en el catalogo de Metal Shop?
—¿Qué me recomiendas? —dije.
Yo era todo oídos.
—Necesitas empezar con algo básico —dijo ella, reflexionando: hay un preescolar del metal—. Ride the Lightning, Metallica.
—Ya —dije—, entonces dame eso.
La muchacha sonrió. Apuntó en la libreta el nombre del disco y luego sacó una tarjeta donde apuntó los mismos datos.
—¿Cómo te llamas? —me preguntó.
—Daniel —dije.
—Daniel qué.
—Daniel Espartaco —dije.
—¿Cómo?
—E-s-p-a-r-t-a-co —deletreé.
—¿Ese es tu apellido?
—No: es mi nombre.
—Qué nombre tan feo —dijo, sin embargo se quedó pensando durante un momento: —aunque es un nombre bastante metalero.
¿Comenzaba a ver un atisbo de aceptación a pesar del tropiezo con Simon and Garfunkel?
—Yeah —dije.
Quitó el celofán al casete, y frunció el entrecejo:
—Para la próxima necesitas un casete de cromo —me dijo—, así se escucha mejor.
—Roger —dije, no sé por qué.
Me estaba esforzando por ser cool.
Colocó la tarjeta con el nombre del disco y mi nombre dentro del casete.
“Oh, tú todo lo haces primorosamente”, pensé.
Cortó la hoja de la libreta y me la dio: era mi recibo.
—Vuelve en una semana —me dijo.
Nunca me gustó Ride the Lightning; sin embargo, años después me siguen gustando dos o tres canciones de Simon and Garfunkel.
Tuve que fingir que el disco me había gustado, y peor aún, escucharlo muchas veces y aprenderme de memoria las letras de las canciones. Le agarré algo de gusto a “For Whom The Bells Told”, que era la canción que le gustaba más a la chica.
—¿Y ahora qué, sensei? —le dije otro día, cuando regresé con un casete de cromo en el bolsillo del pantalón.
—Más Metalica —dijo ella. Sigues en la unidad 1. Pero el álbum negro no, es muy comercial.
"Shit", pensé.
Tenía que invitarla a salir antes de tener que escuchar la discografía completa de los dioses del metal.
Estaba ahí un tipo que la tocaba con insistencia, casi rubio, y ella le sonreía. Llevaba pantalones de mezclilla y una camisa negra con la mascota de Iron Maiden: Eddie.
Entre tanto cadáver supurante, pronto descubrí que Eddie era un ser entrañable.
—Kill´em all y Master of Puppets, aún no estás listo para And Justice for All —opinó él, viendo mi casete—, te cabe uno en cada lado, pero sólo te vamos a cobrar uno.
“Ssssssssssssssssssssshit”, pensé.
—¿Sabes qué? —le dijo el tipo casi rubio respetuosamente a la muchacha, yo era el alumno de ella y no quería entrometerse demasiado en mi educación metalera—, tal vez debe de empezar con lo clásico — él era un clasicista, un purista, podía verse—, algo como Iron Maiden.
Eso era demasiado para la muchacha, quien era más joven que él; tenía menos tatuajes y tuvo que ceder.
—Si, está bien —dijo ella.
En el mundo de metal hay categorías y jerarquías.
Iron Maiden era lo máximo, en verdad, toqué ese casete hasta que se hizo pedazos. “Run to the Hills”, canción pionera del indigenismo metal.
—Hay un largo camino por recorrer —me dijo— desde el metal clásico hasta el death metal.
Sería un largo suplicio, pero tendría sus recompensas.
—Y el death/doom —dijo ella, al ser más joven había llegado más lejos en su experimentación.
Un muchacho confundido, también de mi edad, entró a la tienda y preguntó:
—¿Tiene playeras de Nirvana?
El muchacho y la muchacha se miraron, había tristeza en sus ojos. El mundo estaba cambiando y ellos no podían hacer nada al respecto, entregados a un culto condenado a desparecer. Ellos eran Adan y Eva de un paraíso metalero condenado a la destrucción por los bulldozers del grunge garage.
¿En dónde había quedado el arte?
—No —contestó ella, fastidiada.
Era algo con lo que tenía que lidiar todos los días.
—¿Pearl Jam? —preguntó el muchacho confundido.
El metalero con la camiseta de Eddie negó con la cabeza.
¿Para qué gastar saliva con esa gentuza?
—Ah, ok —dijo el muchacho—, pensé que aquí eran rockeros.
En la pared, junto a él, estaban colgadas todas esas playeras llenas de cuerpos putrefactos: Anthrax, Megadeath, el amigable Eddie.
Las examinó con detenimento,
—¿Nine Inch Nails?
—No nos hagas perder el tiempo —dijo ella—: puto maricón.
El metalero puso la mano en el hombro de ella como diciendo: “cálmate”. En el paraíso amish del metal a veces hay que poner la otra mejilla.
—Chinguen a su madre —dijo el muchacho confundido, haciendo la señal respectiva con el dedo corazón, y salió corriendo.

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